Nuestra
visión como Ministerio de Jóvenes es alcanzar al perdido y llevarlo al
conocimiento de Cristo. Con un mensaje primeramente dirigido a la
juventud procuramos llevar a estos al máximo desarrollo de las
capacidades y dones que Dios ha implantado en cada uno de ellos,
preparando así jóvenes capaces de conquistar el mundo para Cristo.
Sabemos
que en cada uno de nosotros Dios ha puesto unas herramientas, nuestros
talentos. A través de su uso podemos continuar con la Gran Comisión
(Mateo 28:17-20) “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las
naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin
del mundo. Amén.”
No
todos somos iguales. Algunos saben cantar, otros tienen la facilidad
para danzar, unos tienen la facilidad para tocar instrumentos y otros
fluyen mejor hablando.
Lo
que queremos lograr es que cada joven pueda, primeramente entender el
llamado de Dios hacia su vida y luego así llevarlo a su pleno
desarrollo.
Creemos
en un Dios amoroso y misericordioso. Un Dios que no mira el exterior,
sino que escudriña los corazones. Por esto buscamos guardar nuestro
corazón y hacer entender a cada joven, que nuestra relación con Dios es
una más allá del templo y las actividades eclesiásticas. Es una
continua búsqueda del rostro de Dios. Lo que continuamente produce el
amor por las almas y por lograr el propósito de Dios en sus vidas.
En
conclusión, somos una “Generación de Conquista”, cuyo objetivo es
arrancar de las manos del enemigo las vidas, utilizando cada arma que
Dios nos ha dado y marchando día a día hacia la santidad y la voluntad
de Dios.